Tragedia en tiempos de “Millennials”

Foto: http://www.metrolatam.com

Diversos medios de comunicación han exaltado la labor de los denominados “Millennials” durante las labores de rescate ocurridas después del sismo del 19 de septiembre en México.

A pesar de que su actitud hacia esta tragedia ha sido sumamente loable, sería una impertinencia comenzar a idealizar a este sector de la población, pues en principio no fueron los únicos en participar en dichas labores.

Los “Millennials” y el estereotipo que se ha forjado sobre ellos es por todos conocidos; amantes de los animales, repudian todo aquello que parezca “mainstream”, enaltecedores de la comida vegana, encandilados con su smartphone noche y día, buscadores de aventuras,y un largo etcétera.

Habría que comenzar recordando que esta generación había sido anteriormente vilipendiada por su carencia de disciplina y por su deseo de no querer crecer como adultos responsables. También se les ha tachado de llorones irracionales que tienen poca tolerancia ante la frustración, y cuyas mejores soluciones siempre incluyen un post en sus redes sociales.

Empecemos con la apología. Esos vicios de no soltar el celular y querer resolverlo todo por medio de las redes sociales , se convirtieron en herramientas muy útiles que permitieron la difusión inmediata de centros de acopio, mascotas perdidas y edificios derrumbados.

Lo que un día se criticó, terminó siéndonos de utilidad a todos. Sin embargo, en esta panacea de la difusión encontramos el primer gran error. Muchas noticias no eran verídicas, se esparcieron rumores sobre derrumbes inexistentes, incluso el tan sonado caso de Frida Sofía (del cual no podemos eximir de culpa a las autoridades y a los medios de comunicación tradicional).

Con esta tragedia pudimos darnos cuenta que el poder de las redes sociales está desaprovechado, puesto que pierden confiabilidad de manera casi inmediata debido a la falta de criterio de los difusores, incapaces de corroborar los datos a pesar de tener a su alcance incuantificable información.

Pasemos a la parte de la práxis, ese rayo de esperanza colocado sobre los hombros de esta generación a la que todos daban por perdida. Conocieron la tragedia de primera mano, y entendieron que no basta un posteo, sino que es necesaria también la acción. Esta vez no dudaron.

Usaron sus bicicletas para transportar víveres, salieron a las calles a pedir donativos, abarrotaron las tiendas de autoservicio, crearon ellos mismos sus centros de acopio ya sea en sus escuelas o en sus casas. Al fin mostraron que su fuerza es grande, y que, al igua que las generaciones pasadas, también saben reaccionar para ayudar al prójimo.

Aquí es el punto donde nos acercamos a la verdad. No fueron los “Millennials” los que ayudaron. Fueron adultos capaces de enfrentar una situación difícil y hacerlo de la mejor manera posible. Los “Millennials” renunciaron a serlo en el momento que se toparon de frente a la cara de la tragedia.

¿Por qué me aventuro a decir esto? Porque dejaron de quejarse del gobierno, aprendieron a prescindir de él. Porque se olvidaron de las rispideces ideológicas y se reconciliaron con el mundo. Porque ninguno arremetió contra los alimentos pedidos (ninguno ensalzó las virtudes de la leche de soya ni osó pedir café orgánico, nadie cuestionó que se pidieran latas de atún).

Los “Millennials” nunca han sido una generación perdida. Sólo les faltaba una dosis de realidad. Les hacía falta entender que no necesitan menospreciar la ideología de otro, y que sus gustos y sus deseos no pueden ser impuestos a las demás personas. Necesitan salir de la burbuja que crean las redes sociales, y palpar el mundo con sus propias manos. Medir su fuerza en el mundo real, los ha vuelto ahora una generación digna de ser reconocida por siempre.

En este momento de inmenso dolor y angustia, todo México está agradecido con ellos, porque al fin vemosuna luz de esperanza en este país roto. Podemos ahora caminar confiados, como un padre que ve a sus hijos convertirse en adultos. México está presenciando cómo sus hijos han madurado. México puedo dar al menos un respiro de alivio al saber que esta generación que creíamos de papel, en realidad es de hierro.

Estos jóvenes merecen un reconocimiento, y el mayor de ellos es dejar de llamarlos “Millennials”.

 

 

 

 

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La historia se repite

Otra vez 19 de septiembre. Otra vez la Ciudad colapsada. Una vez más nos llegó de golpe el sutil recordatorio de la naturaleza. Otra vez la sensación de vulnerabilidad y el miedo.

Casi no quiero escribir, no tengo ganas. Me siento frustrada y dolida. Veo a la gente de mi ciudad yendo de un lado hacia otro, desesperados por ayudar en dónde sea, como sea. Y sin embargo, no me puedo desprender de la sensación de angustia que aún está presente en mi corazón.

No puedo negar que he llorado de alegría. Han sido horas de intensos sentimientos. A veces emocionada por oír a los rescatistas cantando “Cielito lindo”, a veces molesta al oír de los asaltos, y a aveces profundamente triste por las vidas que se han perdido.

Me siento vulnerable ante la vida. Y supongo que es una sensación humana. A final de cuentas, con todo y nuestra tecnología seguimos siendo corpúsculos de luz en medio del impenetrable universo.

Temo por mi familia, por mi casa, por mi espacio. Pero entonces, el egoísmo se va borrando. Comienzo a pensar en cuántos sueños se quedaron enterrados junto a esos cuerpos, cuántas historias que ya no serán contadas, objetos valiosos que quedarán olvidados entre los pedazos de concreto.

La vida es despiadada cuando quiere recordarnos lo frágiles que somos. A ella le tienen sin cuidado los sueños de las personas, sus metas, sus miedos. Ella sólo llega y demuestra su poderío.

No quiero mostrar imágenes. El mundo entero las ha visto ya; devastación, angustia, dolor, solidaridad, entrega, apoyo, humildad. Qué hermosa es la tragedia, pero qué cruel alegría. Qué espanto tener que hallar lo mejor de uno mismo entre la inmundicia de la muerte.

En mi consternación no puedo ni quiero pensar más. Sólo puedo decirte, de humano a humano, de dolor a dolor, de miedo a miedo, ve y haz de tu vida un regalo. No pierdas más tiempo, no hay después. Da lo que tengas que darle a este mundo, antes de que el destino te engulla, antes de que ya no veas un nuevo amanecer.

El mejor homenaje que podemos hacerles a todos aquellos cuyas vidas fueron truncadas, es vivir cada segundo con alegría y furor. Respira este aire, mira este cielo, siente esa lluvia. Aquí. Vive aquí.

…deja de postergar…haz.

 

IGNORANCIA CONSENSUAL

Los últimos diez años han traído consigo avances que nadie podía vislumbrar a finales del milenio anterior. Las telecomunicaciones están, sin duda, en su mejor momento. Gracias a ello, la población mundial ha tenido acceso a la información de una manera inusitada. Pero ¿se está sabiendo aprovechar todo el conocimiento al que podemos acceder gracias al internet?

Hace un par de días, ocurrió un terremoto en la Ciudad de México. La información acerca de este hecho fluyó en cada red social durante horas. Advertían sobre réplicas más fuertes se decía que el terremoto lo había causado un bombardeo de Corea del Norte, que los rayos verdes que se observaron durante el movimiento telúrico eran la prueba fehaciente de que los sismos son provocados, y un largo etcétera.

En una era en la que los ciudadanos por primera vez disfrutan de las mieles del conocimiento sin censura, hay que analizar si los individuos están aprovechando todo el poder que tienen en sus manos.

El conocimiento ha sido un tema tratado largamente durante la historia de la humanidad. Grandes filósofos clásicos y renacentistas lo abordaron, así como también los íconos del Siglo de las Luces. Todos ellos se rompieron la cabeza tratando de dilucidar cuáles son los límites del conocimiento y de dónde proviene éste.

Al transcurrir los años, se llegó a la conclusión de que el conocimiento para que sea verdadero debe estar sujeto a la Razón y apoyarse en el Método Científico (observación, hipótesis, experimentación). Este es el principio de la ciencia tal y como la conocemos hoy en día.

Gracias a ello pudimos avanzar como humanidad en diversos campos como la medicina, la biología, la geografía, la astrofísica y muchas disciplinas más. Gracias a ello tenemos también acceso a las redes sociales. Gracias a ello podemos –aunque no debemos- esparcir rumores conspiranóicos sin ningún fundamento.

Las redes sociales son una herramienta fundamental en la vida política, económica y social de cualquier individuo en la actualidad. Sin embargo, este poder llega a las manos de individuos sin criterio y sin curiosidad científicas que les haga cuestionarse la información.

En México vivimos este fenómeno muy de cerca en los días recientes. Nadie escucha a las voces oficiales que hablan acerca del terremoto, nadie escucha a los científicos que explican el origen de las luces en el cielo. Parece que han renunciado a la Razón.

No les interesa aprender. No les interesa cotejar información. No les interesa darle Luz al mundo. Les interesa hacerse los interesantes. Fingir que son cultos porque comparten un video de dudosa procedencia. Les interesa sentir que no necesitan de una carrera universitaria para ser cultos.

Les basta con compartir información apócrifa llena de faltas de ortografía, siempre con títulos escandalosos sobre “lo que el gobierno está ocultando”. Les basta regodearse en su ignorancia y distribuir equitativamente su irracionalidad mientras sostienen una cerveza en la mano.

No comprenden el daño que hacen. Causan paranoia y estrés en la población. Generan desconfianza en los medios oficiales. Y peor aún, provocan desconfianza en la CIENCIA. Quieren desacreditar a toda costa a cientos de expertos que han pasado su video rigiéndose por el Método Científico y siguiendo los postulados clásicos.

A estos ignorantes consensuales parece fascinarles aparentar ser más listos que un profesionista. Y, no conformes con ello, buscan que la sociedad tampoco les reconozca la gran labor que hacen.

No saben qué hacer con el conocimiento. Creen que es un adorno de sobremesa. Se jactan de todos los expertos; hablan de Corea de Norte como si acaso se tomaran la molestia de indagar sobre su régimen totalitario, como si acaso comprendieran si quiera lo que es un modo de producción, hablan de Rusia como si acaso se tomaran el tiempo para buscar en fuentes confiables la geopolítica de esa nación.

También osan hablar de que los sismos son provocados, como si acaso conocieran las ecuaciones de Maxwell. No entienden nada, y lo presumen todo, como si ser ignorante fuese motivo de orgullo.

Qué pensarían los antiguos griegos si conocieran a nuestros filósofos modernos; llenos de ego, llenos de falacias, llenos de rencor hacia los expertos, llenos de ignorancia pura y consensual.

Tanto poder en nuestras manos, tanta información, tanto conocimiento disponible a cualquier hora del día, y nos conformamos con compartir un video para sentirnos expertos. Hermes debe estar desconsolado, solitario y vagabundo. Ha dejado de ser importante. Ahora sólo es vilipendiado.

Todo ser nace ignorante, pero morir ignorante es una decisión personal. El conocimiento tiene una función, gracias a él la humanidad ha alcanzado la cumbre. Desacreditar a los expertos sólo muestra soberbia y mucho cerrilismo. Pobre mundo, tan lleno de arrogantes, tan carente de hombres de ciencia.

KARINA GALLEGOS

Noche de terror

La noche transcurría como cualquier otra. El aire frío y la claridad del cielo hacían confiar en que sería una noche tranquila. La calle ya estaba en silencio.La mayoría de habitantes de la Ciudad de México dormían en sus casas.

De pronto, lo inesperado pasó. La alarma sísmica comenzó a sonar con su imprudente estruendo. El corazón se acelera tan sólo al escucharla. Sin embargo, al vivir en una ciudad en donde los sismos son algo frecuente, los chilangos deciden quedarse en sus casas esperando a que sea un movimiento ligero.

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//platform.twitter.com/widgets.js” target=”_blank”>Sismo en Ciudad de México

El cálculo falló esta vez. Cuando el sismo comenzó, se pudieron percibir las lámparas moviéndose de un lado a otro, los cables de luz se tambaleaban. La adrenalina comenzó a aumentar.

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//platform.twitter.com/widgets.js” target=”_blank”>Así vivieron el terremoto en Chiapas (VIDEO)
De pronto, las paredes empezaron a crujir con intensidad, era ya difícil sostenerse en pie. El instinto de sobrevivencia se apoderó de todos. Las puertas tronaban, las ventanas tronaban. Las familias comenzaron a salir de sus casas a pesar de estar en pijama.

Ya en la calle, sintiéndonos más seguros, vino lo peor. El crujir de las construcciones se intensificaba, podían oírse los focos y las ventanas reventándose dentro de las casa, se oían gritos de desesperación.

En un instante, la electricidad se fue. La calle se quedó oscura y toda la luz que podíamos ver, eran los destellos verdes como relámpagos en el cielo oscuro. Fue una escena digna del Apocalipsis.

Algunas personas comenzaron a presentar crisis nerviosas. Un sismo no se había sentido tan fuerte durante muchos años. La luz regresó de nuevo. Los vecinos, aunque austados, volvieron a sus casas con sigilo.

Sin embargo, el miedo no se fue. Había muchas colonias incomunicadas; sin luz, sin internet. Comenzaron a hacerse las llamadas a los familiares, a intentar localizar a todos los miembros y saber que estaban  sanos y salvos.

En la televisión aparecieron el Jefe de Gobierno y el Presidente de la República, ambos lucían rostros cansados y en su semblante podía verse que algo grave había ocurrido. No había sido un evento normal.

Muchos helicópteros empezaron a sobrevolar el cielo de la Ciudad de México, sonaban ambulancias y sirenas de patrullas. Las personas aún no queríamos ir a dormir por temor a que se presentara una réplica.

Nuestra sorpresa fue que hasta antes de las tres de la mañana, ya se habían presentado más de 61 réplicas. En la mañana se actualizó la información, y ya se contaban más de 200 réplicas. Ninguna que pusiera en riesgo a la población de nueva cuenta.

El problema fue la neurosis colectiva. Nadie quería dormir. Nadie quería continuar con su rutina habitual. A las pocas horas se cancelaron las clases en todos los niveles; desde preescolar hasta licenciatura. Eso aumentó la paranoia.

Todos esperábamos un nuevo sismo que hiciera crujir las paredes. Fue una noche de desvelo y reflexión.

Al transcurrir de las horas, pudimos ver todo el daño que el terremoto causó. Chipas, lugar del epicentro, presentó graves daños y una decena de muertos. Oaxaca colapsó, podían verse escombros por todos lados. Las víctimas totales se han contabilizado en 33.

México hoy está de luto. Perdimos hermanos, gente que tenía sueños y metas que ya nunca más podrá lograr. Quedan familias sin hogar, sufrientes por la pérdida de un ser querido, huérfanos que tendrán que llorar su pena.

Ninguna tragedia puede agradecerse. Pero en lo más profundo del caos que se percibe, puede sentirse la hermandad. Este terremoto nos cimbró el alma también. Nos hizo recordar que debajo de todas nuestras diferencias, subyace una solidaridad inusitada.

Me congratulo de poder haber sido testigo de un hombre humilde, que en medio de las ruinas, tuvo la osadía de colocar la bandera de México sobre los escombros. Esa imagen me la quedo en la memoria por el resto de mi vida.

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//platform.twitter.com/widgets.js” target=”_blank”>Mexicano valiente

Seguimos y seguiremos con miedo. Estaremos en alerta, pero también dispuestos a ayudar a los que no tuvieron tanta suerte.

México siempre fuerte. México valiente. México que no se rinde. México hospitalario. México solidario. Ese es el México necesitábamos ver. Ese es el México que necesitamos de ahora en adelante.

KARINA GALLEGOS

MADNESS

There are places that get you away  of your inspiration.

There are people who kills your free spirit.

There are a halo whispering in the dark when everyone is trying to conquer you.

Listen to it. Catch it. Taste it with your ears.

It is the voice of your madness . It is your friend, your lover.

Follow it and let it kill you. Let that insane sense makes you stronger. It wants to make you weaker by denying the lights of a unreal world.

Let your madness guide you. It knows the path better than you do.

Anne G

Amar a lo p´*#dejo

Cuando se trata de amor, ninguno de nosotros tiene suficiente autoridad moral para juzgar a otros. Cada uno de nosotros ha cometido alguna tontería por amor; a veces son casualidad idiotas que nos privan de racionalidad, otras más son quimeras inventadas o establecidas por nuestro sistema social. El caso es que en materia de amor todos hemos sido incautos.

En últimas fechas, y por mero capricho del destino, he estado involucrada en muchas discusiones sobre lo que es el amor…vaya que es un tema difícil de abordar en tiempos posmodernos, puesto que muchas personas se excusan con el relativismo para evitar hablar a profundidad del tema.

En primera instancia, tendríamos que establecer lo que el amor significa para la ciencia. Neurológicamente, el amor no es más que la segregación de hormonas que alteran nuestro estado de ánimo. Estas hormonas nos vuelven adictos a la felicidad momentánea que nos proporciona el enamoramiento, y es por ello que cuando perdemos a alguien que amamos sufrimos los síntomas clásicos de un adicto en abstinencia.

El amor entonces se vuelve un mal, quizá una trampa de la naturaleza para dominarnos. Millones de años de evolución y nosotros como especie aún sucumbimos antes los efectos de nuestro sistema glandular sin poder tener control consciente sobre éste.

En el último siglo, múltiples corrientes filosóficas, nos han mostrado que el hombre es un ser ecléctico, y que no puede ser definido desde un sólo punto de vista, no somos únicamente seres biológicos, sino que también actuamos conforme a nuestro sistema social, cultural y más aún psicológico.

Entonces, no todo en el amar lo abarca la neurociencia. ¿Por qué entonces amamos a lo pend#4#”jo? Schopenhauer decía que en el acto de amar se escondía la voluntad de un ser futuro que deseaba venir al mundo, y que los amantes no eran sino el vehículo de dicho ente.

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Esta postura privaría de libertad al ser humano, de ser cierta esa hipótesis, el hombre como especie estaría sometido a los designios de una generación venidera. Amar sería entonces una coacción.

Este pensamiento, aunque brillante, desata una serie de premisas nihilistas en donde el amor es una inutilidad, una artimaña de la evolución. El utilitarismo en su máxima expresión.

Para los griegos el amor era una especie de posesión, no en el sentido de pertenencia, sino en el sentido místico como las pitonizas de Delfos. Ya lo decía Fedro, amar es tener a los dioses dentro de uno mismo…¿Por qué idealizar al amor? ¿Por qué verlo con misticismo y no como una cruel realidad que detona en nuestras caras?

Es momento de abandonar las citas textuales, y comenzar a explayarme. Firmemente creo que el amor tiene que ser algo místico, porque el amor ennoblece al más vil de los seres humanos, y no precisamente por ser un cuento de hadas. En realidad el amor debe ser caótico, es decir, debe ser como una estrella moribunda que al colapsar arroja su creación al universo.

En el acto de amar deben coexistir todos los sentimientos humanos; el orgullo, la pasión, la entrega, la lealtad, la desesperación, el odio, la envidia, la venganza. El verdadero amor es humano, el verdadero amor es entonces aterrador.

¿Qué hay de malo en que nos asuste el amor? ¿Acaso no nos aterra también la idea de la muerte? Y sin embargo es esa idea imborrable la que nos ha hecho evolucionar como sociedad y como individuos. El terror de algún modo extraño genera progreso. Temer nos hace avanzar, como peregrinos cansados que huyen de la peste en busca de algo mejor.

No hay algo malo en ver al amor como un peligro, o como la eterna incógnita de nuestra raza. El amor es inseguro y temeroso, pero ahí radica toda su belleza. Vivir no tendría ningún sentido si no hubiera amor, de las relaciones más tormentosas han surgido los poemas más bellos, o las pinturas más lúcidas, o los tratados más brillantes.

Si el amor es caos, y si cada relación es una pequeña promesa de autodestrucción, déjala llegar a ti. Nada malo hay en amar a los pen#”&dejo.